El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) afecta aproximadamente al 1% al 3% de los niños y adolescentes, y con frecuencia resulta en un deterioro académico, social y familiar significativo. El inicio temprano se asocia con mayor severidad, cronicidad y comorbilidad psiquiátrica, sin embargo, los retrasos en su reconocimiento siguen siendo comunes. Los pediatras suelen ser los primeros clínicos en atender a la juventud afectada y, por lo tanto, son esenciales para la identificación temprana y la derivación. El diagnóstico es clínico, apoyado por instrumentos de cribado validados, como la Escala Obsesivo-Compulsiva Yale-Brown para Niños. La terapia cognitivo-conductual con exposición y prevención de respuesta es el tratamiento de primera línea, utilizando inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina como complementos basados en evidencia para casos moderados a graves. Las intervenciones basadas en la familia y la psicoeducación mejoran aún más los resultados. Para casos resistentes al tratamiento, se puede considerar la augmentación con clomipramina o antipsicóticos en dosis bajas bajo la guía de un especialista. La terapia sostenida y las estrategias de prevención de recaídas son críticas para mantener la remisión. El reconocimiento temprano y el cuidado coordinado pueden mejorar sustancialmente el pronóstico en jóvenes con TOC.
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Erin Dillon-Naftolin
Pediatric Annals
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Erin Dillon-Naftolin (Sun,) estudió esta cuestión.
www.synapsesocial.com/papers/698435c9f1d9ada3c1fb50a2 — DOI: https://doi.org/10.3928/19382359-20251111-01
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