En este artículo, analizo una serie de publicaciones sobre “nuevas éticas” y propongo definir este término como una demanda de “hiper-reconocimiento” para aquellos cuya identidad grupal ha sido previamente discriminada. Argumento que la filosofía moral y política contemporánea puede justificar cualquiera de las tres actitudes morales deseables entre individuos y grupos: tolerancia (negativa), reconocimiento (igualdad) e hiper-reconocimiento (nuevas éticas en el discurso doméstico). En mi opinión, la opción más adecuada en la esfera moral sigue siendo la tolerancia negativa clásica. Para apoyar esta tesis, comparo los mecanismos de la conciencia tolerante (J. Horton, D. Heyd) con los mecanismos de reconocimiento (A. Galeotti, P. Jones) y muestro que hay contradicciones lógicas o consecuencias prácticas indeseables tanto en el principio de reconocimiento como en el principio de hiper-reconocimiento. No reconstruyo ni analizo todo el enfoque marcado como “teoría del reconocimiento” aquí (A. Honneth, N. Fraser y algunos otros filósofos prominentes han jugado un papel clave en la teoría) en la medida en que planeo comparar pros y contras de la tolerancia siendo sustituida por el reconocimiento en un dominio muy estrecho de la moralidad. Acepto la idea de que los dominios de la moralidad, la política y el derecho en la medida en que los principios normativos que estas esferas sostienen en su base se superponen y desplazan respecto a las fronteras de cada esfera en los debates públicos reales, pero en este documento, prefiero tratarlos como si no estuvieran entrelazados. En conclusión, delineo la tarea de la teoría de la tolerancia moderna como la búsqueda y justificación de fundamentos de segundo orden contextualmente sensibles para implementar una actitud tolerantemente efectiva.
A. I. Loginov (Wed,) estudió esta cuestión.