Las repentinas quiebras bancarias en la primavera de 2023 demostraron que las normas prudenciales actuales eran insuficientes para prevenir las dificultades bancarias. Es necesario ajustar las normas de capital y liquidez. La experiencia también muestra cómo la falta de herramientas de supervisión creíbles condujo a la indulgencia regulatoria y, finalmente, a rescates públicos caóticos. Surge una brecha de intervención cuando los bancos viables pero infracapitalizados quedan a merced de las corridas de depósitos. Una vez que las salidas de fondos comienzan a intensificarse, lo único que queda es prepararse para la resolución y asignar pérdidas. Abogamos por nuevas medidas estabilizadoras del Pilar II —es decir, activadas por el supervisor—, como herramientas de capital y liquidez contingentes. Una opción de recapitalización oportuna requiere mayores facultades de supervisión para activar una recapitalización oportuna como empresa en funcionamiento, como mediante la conversión en capital de deuda convertible contingente adicional de Tier 1. Una medida de liquidez contingente es la activación automática de comisiones de reembolso ante grandes salidas de depósitos no asegurados. El objetivo es interrumpir cualquier expectativa autocumplida de mayores salidas de fondos. La medida refleja las nuevas normas de la US Securities and Exchange Commission creadas para los fondos institucionales del mercado monetario, la referencia natural para los depósitos corporativos no asegurados. Esta combinación crea un marco para una intervención provisional creíble y la oportunidad de orientar tempranamente a los bancos solventes hacia la recuperación, en lugar de conformarse con la indulgencia y aumentar la probabilidad de resolución y rescates.
Martino et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.