Esta historia basada en el lugar muestra cómo una autoridad local transformó la relación entre los productores de investigación y los usuarios a través de la construcción de confianza, la co-producción y la alineación de la investigación con objetivos prácticos como la mejora de la vivienda y el cumplimiento de los objetivos de cero emisiones netas. Al incorporar a un socio académico, fortalecer la infraestructura de investigación, ampliar habilidades y dividir el trabajo en flujos de investigación manejables, el equipo creó una propiedad compartida, mejoró el uso de evidencia y aseguró financiamiento sostenible. Este modelo colaborativo fomentó un cambio cultural donde la investigación se integró en la prestación de servicios, permitiendo una mejor toma de decisiones, asociaciones más fuertes y mejoras tangibles en salud, vivienda y confianza organizacional.
Esat et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.