Este artículo cuestiona el discurso dominante sobre escuchar las voces de los (niños) jóvenes, basándose en la crítica de Jacques Derrida al fonocentrismo y la ontología de la resonancia de Jean-Luc Nancy para proponer una conceptualización de escucha más ajustada. Mientras que el Artículo 12 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño resalta el derecho del niño a ‘expresar opiniones’, este principio a menudo se ha traducido en un lenguaje de ‘voz’, lo que arriesga reducir la expresión a un acto representacional - algo que debe ser extraído y grabado. La expresión, en contraste, sugiere movimiento, apertura y relacionalidad, cualidades que resuenan con la deconstrucción de Derrida de la metafísica de la presencia. Derrida cuestiona la suposición de que la voz transmite el significado de manera transparente, exponiendo cómo siempre está marcada por la différance y el rastro en lugar de la plena presencia. Nancy radicaliza esta crítica al situar la escucha como una actividad que no tiene como objetivo el dominio, sino que sostiene la apertura del significado - un modo de estar-con que permite pluralidad e indeterminación. Para la investigación y la práctica con niños pequeños, este cambio exige crear espacios donde las voces (verbal, visual, gestual) puedan resonar sin ser reducidas a puntos de datos, y donde el sentido pueda surgir en su pluralidad en lugar de ser fijado o cerrado.
Mercieca et al. (Fri,) estudiaron esta cuestión.